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militares, sonidos de ametralladoras y llantos de bebés, anticipando varios años el drama de los desaparecidos en Argentina. Los premios nacionales e internacionales del Di Tella se mostraban en el Instituto. Romero Brest seguía la carrera de los jóvenes artistas durante un año y luego invitaba a doce de ellos, con los trabajos más originales y logrados, a participar del premio. Conocían las salas y se les asignaba un espacio para su obra. Al año siguiente, el artista premiado pasaba a competir por el premio internacional con los artistas de las mejores galerías del mundo ante un jurado internacional. Así fue como Federico Peralta Ramos obtuvo el Premio Nacional de 1965 y compartió la sala con Luis Wells, cuya obra consistía en una impecable realización que ocupaba el techo de una misma sala. Mientras, la obra de Peralta Ramos, el enorme huevo de yeso de cuatro metros de altura, era materializada por los obreros de la constructora SEPRA, desencadenaba un caos de yeso, agua y alambre desplegados que mereció ser tapiado para dejar respirar la obra de Wells sin lograrlo realmente. De una manera diferente y dos años antes, Dalila utilizó el yeso como material para la obra de los corsés en 1963. También los empleó en sus Cáscaras, expuestas en la galería Lirolay. La diferencia radicaba en la transformación de los yesos que habían sido usados por los pacientes, como un material torturado durante cuarenta días al que se le quitaba el dolor para transformarlo en un material hedonista. Los materiales eran múltiples y variados, por ejemplo el tricot de lana, uno de sus materiales preferidos, que se lucía con la novedosa tipología de las prendas con formas geométricas (línea A y H). Dalila diseñaba los vestidos con guardas precolombinas y fuertes colores que se vendían en la tienda Madame Frou-Frou, como también los tejidos especiales que le hacía a Federico Klemm. Un interesante hito fue la idea de convertir la obra de arte en una experiencia de consumo. Eso ocurrió con sus Dobles Plataformas hechas en cuero, acero y acrílico, que recibieron el Premio Internacional Di Tella en 1967. Con el auspicio de Alberto Grimoldi, dueño de locales de una tradicional zapatería, mientras se exponían en el Di Tella como objeto de diseño eran evaluadas por un jurado que debía recorrer los locales para verlas en la calle como una experiencia de consumo. La simultaneidad de exposiciones se completaba con la posibilidad original de comprar la obra al mismo tiempo. Con Marta Minujín, pionera del arte pop y artista multimedia, la ruptura de la solemnidad se daba en diferentes carriles. En 1963 su obra La destrucción ya demostraba su concepto de la función de la obra de arte como una experiencia efímera y, en lo posible, interactiva.

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Se inspiró en la cultura popular y comercial sin interesarse en el arte coleccionable. De 1967 a 1969 vivió en Nueva York, donde siguió sus experiencias con arte mediático. En 1969 recibió la beca Guggenheim. En 1966 hizo la versión local en el Instituto Di Tella de Simultaneidad en Simultaneidad, como parte de una obra que estaba ocurriendo en tres lugares diferentes, con Allan Kaprow desde Nueva York y Wolf Vostell desde Berlín. Un año más tarde utilizó el dinero del premio de la beca para la construcción de una cabina de teléfono interactiva con efectos especiales que se activaban cuando se hacía una llamada: cambios de luz, agua coloreada que corría por las paredes y también deformaciones de la voz. La idea era convertir el acto cotidiano de la llamada en un happening que ella llamó Trip psicodélico. La importancia de la tecnología en la obra de Marta se plasmó en Minuphone en 1967 y Minucode en 1969. Como parte de la cultura inmaterial de los 60, y muy inspirada en las teorías de Marshall McLuhan, Minujín produjo en 1968 un experimento de perfil social. Para ello organizó cuatro fiestas diferentes e invitó a ochenta personas que reunió según sus afinidades sociales y culturales. De esos cuatro grupos originales, eligió ocho integrantes de cada uno para participar en un espectáculo audiovisual y los expuso a diferentes experiencias que eran filmadas por una cámara oculta. Con las imágenes obtenidas, armó una instalación fílmica, y convocó nuevamente a los participantes, que, en las imágenes filmadas, podían verse al mismo tiempo como protagonistas y como observadores. El propósito era poder comparar códigos de sociabilidad y explorar formas diversas de interacción y comportamientos. Búsquedas y exploraciones en la materia En los 60 el diseño editorial, como los restantes diseños, sumaban cada vez mayor riqueza y complejidad. Un buen ejemplo es Los cuadernos de Mr. Crusoe, libro del que se editó un único número como consecuencia de su sofisticación. Con una exorbitante cantidad de copias (15.000) y múltiples recursos de impresión (tipografías, variantes de papeles, arpillera, plástico espejado y vinilo símil madera para la tapa), es un excelente ejemplo de la búsqueda de la perfección en el diseño, sin la necesidad de considerar los gastos, en tiempo de bonanza económica. Con la idea de promocionar y comercializar el diseño en general en todas sus variantes y materialidades, en el primer piso de la Galería Promenade de la Avenida Alvear 1883, se instaló el local Fuera de Caja dirigido por Marta Romero Brest y Raquel Edelman. Las prendas experimentales de la dupla Cancela-Mesejean, que vivía

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60