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La nueva publicación de la obra de Geninasca quizá tenga relación con las recuperaciones actuales de un tipo de diálogo entre géneros. En ese diálogo entre lenguajes y entre formatos también se hace presente la tecnología: una parte del público lee, mira historietas en la pantalla, así como se leen libros y se compran tablets para tener todas las bibliotecas del mundo. En la pantalla que fuere, esto tiene una vida múltiple y mixta. Uno casi podría decir que ahora no se puede leer historietas sin leerlas desde una cierta posición crítica, viendo cómo están hechas, cuáles son sus componentes. Y lo mismo sucede con el formato. En aquella exposición del Instituto Di Tella, con el formato y con los bordes, eso tomó la escena. ¿Junto a qué viene la historieta? ¿Con qué? ¿Sobre qué? Eso fue un comienzo, y Masotta asumió una condición de precursor. Actualmente, podríamos decir, en la memoria constituyente de la experiencia historietística que hay en tiempos de internet, esos momentos de flexión del formato y de la historieta están naturalizados en los medios contemporáneos . En la Bienal Mundial la historieta empezó a estar acompañada –y con la misma jerarquía– de prólogos, comentarios, críticas, posfacios. El catálogo del evento contiene gran cantidad de textos. Es un catálogo que se podría haber titulado Historia y estado actual de la historieta. Allí se marcaba un precomienzo, porque hoy los libros de historieta –y una parte importante de las historietas, como, por ejemplo, las historietas de aventuras– no se publican sin prólogos. Incluso es raro que no incluyan críticas internas, informaciones sobre la historia de la circulación de esas historietas, y también posfacios. Podríamos decir que es como si los editores, los dibujantes y los guionistas hubieran descubierto que la experiencia de leer historietas es una experiencia también metahistorietística. Uno lee historietas no solo para ver aventuras, para ver chistes, para ver caricaturas de determinados personajes. También lee historietas para disfrutar de sus cambios de lenguaje, de estilo… Si así no fuera, esos libros de historietas del Superman y el Batman de hoy, entre otros, no estarían tan habitualmente acompañados de crítica y teoría. 1 Fue la primera exposición sobre la historieta realizada en un museo nacional. Se tituló Bande dessinée et figuration narrative, fue organizada por Claude Moliterni y celebrada en el Musée des Arts Décoratifs de París, ubicado en el edificio del Louvre, entre el 7 de abril y el 12 de julio de 1967. 2 Geninasca, Jacques, “El logos del formato”, en Tópicos del Seminario, N° 9, Ciudad de México, Universidad Autónoma de Puebla, enero-junio de 2003.

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10 Burne Hogarth posa junto a la gigantografía de su personaje Tarzán. “Buenos Aires hospeda en estos días una insólita galaxia de titanes, heroínas supereróticas y niños y animales que enjuician al mundo: la 1a Bienal Mundial de la Historieta –la más completa muestra habida en su género– promete conmover, desde el Instituto Di Tella, tanto a especialistas como a profanos”, da cuenta sobre el festival la revista Siete Días Ilustrados. 11 Plancha de contactos con vistas de la exposición en el ITDT. El sistema de panelería modular está ideado por el estudio de interiorismo Diseño Buenos Aires. Diseño expositivo: Rodolfo Möller, Augusto Brengio y Antonio Gache. Dirección de la Bienal: David Lipszyc y Oscar Masotta. Comité ejecutivo: Jorge Romero Brest, Enrique Oteiza, Samuel Paz y Enrique Vieytes. Colaboración: Oscar Steimberg, Alicia Páez, Olga Hernández, Juan Risuleo, Norma Bertol y Silvina Walger.

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60