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RAFAEL IGLESIA

un futuro maquetado, la feria del sesquicentenario argentino

En 1960, durante la presidencia de Arturo Frondizi se decidió festejar los 150 años de las Jornadas de Mayo de 1810. En ese momento el país estaba bastante esperanzado con el desarrollismo, que era una nueva cara del radicalismo, y la celebración de la Revolución de Mayo era la excusa perfecta para comunicar la nueva etapa. Luego de derrocar al gobierno justicialista, el poder militar conservaba su fuerza y continuaba con su función de celador del sistema político, prevenido sobre todo contra la temida expansión del comunismo de ese entonces. El predio donde se hizo la Feria estaba ubicado entre la Avenida Figueroa Alcorta y las vías del ferrocarril. Frondizi inauguró la exposición con la idea de revitalizar la imagen de un país que, se consideraba, tenía que recuperar el dinamismo que había tenido en 1810. Recordemos que el ascenso de Frondizi se dio mediante un pacto con Juan Domingo Perón. El país, en realidad, estaba tensionado entre esta presencia del desarrollismo y la ausencia del Partido Justicialista, que había sido proscripto y que pasó mucho tiempo sin volver a estar en el gobierno. Frondizi hizo una cantidad de maniobras políticas –algunas inteligentes y otras que salieron mal–, por lo cual también fue derrocado por los militares. A nivel internacional se planteaba una división entre dos grandes potencias: Estados Unidos y Rusia. Asimismo se sumaba la situación política de Cuba. En este caso, Argentina, que intentaba incorporarse a este mundo, tenía una posición muy periférica, muy alejada, muy poco importante; eso era lo que preocupaba, justamente, al gobierno desarrollista. Argentina seguía siendo un país agrícola-ganadero y pugnaba por un lugar por lo menos respetable en este duro enfrentamiento que esos dos imperios.

Frondizi puso en marcha varios planes para reanimar un país sometido al imperialismo y la corrupción interna que habían mantenido siempre los conservadores y, con algunos de estos planes, buscó revivir el entusiasmo patriótico a través de la celebración de los 150 años de la Revolución de Mayo. Se descontaba que aquel lejano grito de libertad tendría algunos ecos potentes en la imaginación popular. Esta evocación del espectro del pasado pretendía golpear las puertas de la historia para encontrar nuevos ánimos para seguir adelante, y fue saludada con alegría por los distintos medios. En un aviso publicado en el diario Clarín, se decía: “¡150 años, argentinos!”, mientras que otras marcas se adherían a festejar el Sesquicentenario de la Revolución de Mayo para publicitar sus productos y servicios. Un comentario de María Estela Spinelli describía: Porque la Revolución de Mayo no solo se celebraba como una fiesta patria, sino que en la currícula formaba parte de un reencuentro con la tradición liberal democrática luego de la experiencia del peronismo. Del mismo modo, la proyección internacional programada para el evento quedaba asociada también a esa misma tradición internacional y a volver a integrar ese conjunto de naciones y ser un país de oportunidades abierto al mundo. 1 Así nació la idea de la Feria, que fue recibida con mucho entusiasmo. Incluso había avisos de Coca-Cola que decían: “Festejamos la Revolución de Mayo” como si fuera un renacimiento del país. Es importante entender que las ferias constituyen, dentro de las diferentes tipologías arquitectónicas, una tipología particular. Nacen teniendo como objetivo final el comercio, o sea, la compra y venta. En la Edad Media, muchísimas ferias concentraban los productos de distintos países europeos como la única manera de poder mostrar y vender sus productos. En el caso de la Feria del Sesquicentenario hay

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60