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1 Francisco Kröpfl y su colaborador, el estudiante de arquitectura Mario Gandelsonas, en el Estudio de Fonología Musical de la UBA. Buenos Aires, 1958. Además de su fundador, el laboratorio está integrado en sus inicios por Fausto Maranca y Jorge Agrest. La sala cuenta con dispositivos que permiten, entre otras acciones, generar sonidos en todo el rango audible, cambiar su velocidad, grabarlos, medirlos, analizarlos y mezclarlos de manera estereofónica.

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el serialismo integral, por ejemplo, se resolvía en el laboratorio mucho más fácilmente. En Argentina, las grabaciones de estos dos universos artísticos diferentes –concreto y electrónico– las pudimos escuchar el compositor Mauricio Kagel y yo, que éramos alumnos de Juan Carlos Paz, un compositor con mucha influencia en su momento y el iniciador de la vanguardia en nuestro país. Kagel, experimentador nato, comenzó inmediatamente a incursionar en la música concreta en los años 50. Por mi parte, quería evitar la referencia al ruido cotidiano y el conflicto musical que introducía, por lo que esperé unos años para poder contar con los medios tecnológicos adecuados, generadores electrónicos y medios de procesamiento especiales, que debían ser diseñados y construidos. Evidentemente, se necesitaba un laboratorio destinado a la música electrónica, y a esto me dediqué en los años 50. Comencé a grabar sonidos alrededor del año 1955 con osciladores electrónicos (desechaba toda grabación por micrófono) y aparatos que tenía un joven amigo y técnico en electrónica, Fausto Maranca. Él se dedicaba a la reparación de aparatos de audio, radios y otros elementos de la época. Tenía tres generadores, y yo ya contaba con un grabador de cinta magnética en mi casa. De manera que en mi casa podía grabar en cinta los sonidos que quería explorar, y luego cortar y pegar trozos de cinta de diferentes longitudes para crear secuencias rítmicas. Imaginemos la cantidad de trabajo que esto insume con diez sonidos, por ejemplo. Esta experiencia la apliqué en pruebas, pero no llegué a realizar ninguna obra con ese material. En 1957, el poeta Rodolfo Alonso, un gran amigo conocedor de mi afán por hacer música electrónica, me propuso emprender

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una investigación desde la Universidad de Buenos Aires, en el Departamento de Actividades Culturales. Recorrí varias facultades buscando algún laboratorio técnico que me pudiera proveer al menos la base de producción que mencioné, es decir, grabadores, generadores de sonido, mezcladores, etc., y, finalmente, en la Facultad de Ingeniería conocí a un ingeniero que me dijo: “No, acá no tenemos nada que le pueda servir, pero si usted va a la Facultad de Arquitectura, donde yo estoy dando clases de acústica, le voy a mostrar un laboratorio de mediciones acústicas que en este momento se usa poco; creo que ahí va a encontrar aparatos que le pueden interesar”. Efectivamente, un día me reuní allí con él y lo que encontré me dejó sin aliento. Había aparatos diseñados en Dinamarca, por ejemplo, que generaban sonidos en todo el rango audible; mezcladores y dispositivos para el análisis de sonido, todos dispositivos de última generación que no se usaban. ¿Por qué estaban allí? Porque, hacía muy poco tiempo, el arquitecto Raúl E. Castagnino, que era el director del Instituto de Tecnología de la Facultad de Arquitectura, había conseguido algo muy insólito. En la isla Huemul, en Bariloche, un físico austríaco llamado Ronald Richter había convencido a Perón de que podía obtener fusión atómica, y necesitaba también aparatos que generaran sonido a potencias muy elevadas, entre otros procedimientos. El proyecto fracasó. A Richter lo echaron, porque, si bien no era un improvisado, era un físico un poco loco y no consiguió el objetivo que se había propuesto. Castagnino se enteró de esta disponibilidad y finalmente consiguió que transfirieran estos dispositivos a la Facultad de Arquitectura. Mientras tanto, seguí en contacto con la gente de la Facultad de Arquitectura, hasta que un día me incorporaron, junto con otros técnicos que llevé, como personal estable, y fundé lo que llamé el Estudio de Fonología Musical.

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60