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16 Especializador de sonido en la cabina de la sala del CLAEM-ITDT. Buenos Aires, 1966. Diseño y construcción: Fernando von Reichenbach. 17 Compositores junto a Fernando von Reichenbach en el estudio analógico principal del Laboratorio de Investigación y Producción Musical del Centro Cultural Buenos Aires (hoy Centro Cultural Recoleta). Buenos Aires, 1984. De izquierda a derecha: Carmelo Saitta, Diego Losa, Gabriel Valverde, Fernando von Reichenbach y Julio Viera. 17

Aquellos fueron años muy creativos, de mucha actividad, de mucho desarrollo tecnológico. El ingeniero von Reichenbach desarrolló toda la tecnología para poder hacer ese audiovisual, que no era convencional. Reichenbach había trabajado anteriormente en el Museo Nacional de Bellas Artes con un grupo de arquitectos y diseñadores artistas, entre ellos, Felipe Iglesias. También intervino en el Pabellón Philips para la Exposición del Sesquicentenario, un avanzado antecedente de proyecto multimedia, utilizando múltiples proyectores, múltiples emisores de sonido y otros gadgets. Reichenbach, que merece todo un párrafo aparte, también fue el inventor del Convertidor Analógico de Sonido. Con este dispositivo, el compositor dibujaba su partitura en un papel –se desplazaba a determinada velocidad, sincronizado con la velocidad de un grabador–, lo que permitía que lo dibujado se tradujera en sonidos y pasara directamente a la grabación. Era extraordinario. Cuando se cerró el Instituto Di Tella, en 1972, el laboratorio pasó a la órbita de la Municipalidad de Buenos Aires. Se creó el CICMAT (Centro de Investigación en Comunicación Masiva, Arte y Tecnología), donde fui jefe del Departamento de Música Contemporánea entre 1972 y 1976. En 1976 tuve la oportunidad de viajar a Estados Unidos gracias una beca Guggenheim, y ahí conocí las

posibilidades de la música generada por computadora. Cuando regresé conseguimos, mediante un trámite muy complejo, que nos compraran una computadora grande, profesional, con la que hicimos después un gran audiovisual sobre la ciudad de Buenos Aires. El derrotero institucional continuó en el actual Laboratorio de Investigación y Producción Musical (LIPM) que funciona en el Centro Cultural Recoleta. En la década de 1980, mediante un convenio que logramos hacer con la Fundación Rockefeller, conseguimos realizar un intercambio entre jóvenes compositores argentinos que viajaron a Estados Unidos y jóvenes compositores estadounidenses que vinieron a trabajar con nosotros. Fue una época realmente importantísima, que culminó con nuestra participación en la Bienal de Venecia en el año 1986. Todos estos hechos que he narrado aquí sintéticamente permiten seguir la línea de continuidad histórica entre el Estudio de Fonología Musical, el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales y el actual LIPM, a través de la cual puede seguirse la fructífera relación que tuvieron la música y la tecnología en el país. * La versión final de este texto contó con la revisión y ampliación de contenidos de Laura Novoa.

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60