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1 De izquierda a derecha: Teresa Borthagaray de Testa, Susana Salgado, Felisa Pinto, mujer no identificada, Pablo Mesejean, Marilú Marini, Facundo Bo, Juan Stoppani, Horacio Pedrazzini, Marucha Bo y Eduardo Polledo. Pinto es apodada la “Sacerdotisa del pop” por difundir las acciones del ITDT en la revista Primera Plana. 2 Vista de la peatonal Florida. Buenos Aires, década del 70. En 1971 se restringe definitivamente el paso de vehículos, se nivelan las veredas y se colocan canteros en todo el recorrido.

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Este, en cambio, era usual vestir y oler con sofisticación, aun antes de concurrir a una marcha contestataria de avanzada, para luego volver a discutir ideas al bar de la Galería o asistir a la librería La Ciudad, donde firmaban sus libros Manucho Mujica Láinez o Borges, habitués de la “manzana loca”. Los rockeros y sus cholulos correspondientes, en cambio, frecuentaban la disquería El Agujerito, de Roly y Gaby Epstein, para ponerse al día con las últimas músicas vanguardistas del mundo y de la Argentina. Y los Rolling Stones reemplazaron a los Beatles y a su filosofía. En los comienzos de los 70, en El Agujerito se disputaban los pocos ejemplares del escandaloso (para la época) álbum Sticky Fingers, cuya tapa había pergeñado Andy Warhol con la foto de una bragueta provocativa de jeans con cierre metálico que se podía abrir y cerrar. Muchos lo compraban para cumplir con la cuota de transgresión que los tiempos demandaban, más allá de su valor musical. También se produjo con particular fuerza la vuelta rotunda del jean. Los que mayor venta tenían en la ciudad, en especial en “la manzana loca”, eran los Levi’s, los Wrangler y los Fiorucci, elegidos muy ceñidos y con forma de pata de elefante, como en la actualidad. Muchos historiadores de la moda coinciden en que la fiebre del jean en los 70 fue la consecuencia de la “guerra de los dobladillos”, asunto vital para los costureros de la haute couture, según las longitudes fueran mini, midi o maxifalda. Esta cuestión fue tan importante que llegó a ser tapa de la revista Time y por supuesto de Vogue, órgano oficial de la costura en esos años, cuyos editores decidieron impulsar el jeanswear, más igualitario y popular, como exigían los tiempos en el mundo y decididamente en Buenos Aires.

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Junto con los jeans llegó el unisex, y la prédica de Angela Davis, cuyas ideas tuvieron influencia en las cabezas (por fuera y por dentro) de varones y mujeres. En la peluquería unisex de Susana esperaban turno para acceder al afro-look de la Davis tanto rockeros como escritoras y periodistas que leían la página de “La Mujer” del diario La Opinión, que pregonaba el feminismo político de avanzada, pero también María Luisa Bemberg, feminista moderada que escribía cartas polémicas al director del diario, Jacobo Timerman. Un día llegó a mi escritorio de editora de la mencionada página un papelito amarillo firmado por Timerman, que nos ordenaba: “Las mujeres, a la cocina”. Con Tununa Mercado decidimos obedecerlo, a tal punto que publicamos, exclusivamente y durante una semana, en dos y a veces hasta tres páginas, joyas de la literatura gastronómica mundial, de la alta cocina de autores tan geniales como Rossini o Alice B. Toklas, cuyo recetario figura entre los libros de culto de mayor voltaje entre los que saben. Estos recuerdos reflejan una ínfima parte de la pasión con que se vivía en la Galería del Este y fuera de ella en esa época. Las discusiones en los bares como el Bárbaro o el restaurant El Tronío, sobre Reconquista y Tres Sargentos respectivamente, no eran precisamente frívolas. La vida cotidiana y los comienzos de la fusión entre la moda y el arte habían llegado para quedarse. La “manzana loca” se acabó en el año 1976, cuando ese mismo territorio cambió de signo y su locura amable se transformó en pesadilla. Inolvidable Madame Frou-Frou2 La moda argentina perdió en el año 2000 a una personalidad excepcional y figura de culto para los que

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60