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fundado previamente en San Pablo, donde también introdujo a Knoll Internacional. Susi formó parte de la dirección de Interieur desde 1961 hasta 1994; desde entonces se ocupa del desarrollo de productos. Hoy dirigen la empresa su hija, Alejandra Aczel, junto con Gabriel Hackel y Alberto Eisler, los hijos de sus socios originales, Martin Eisler y Arnold Hackel. “Tal vez lo más importante para señalar de aquellos comienzos sea la filosofía aplicada a la intervención de un hogar bajo los estrictos mandatos del movimiento moderno. Así de intensamente vivíamos la búsqueda del cambio”, observa Susi. Por su parte, Jorge, antes de ingresar al negocio del diseño estuvo vinculado a las bellas artes y a su enseñanza en colegios secundarios. En torno a los mismos intereses figuran los amigos porteños ganados a través de la plástica, que se fueron asociando en diversos grupos por aquellos años, según la producción. Existen antecedentes de actividad grupal en torno al diseño, como un emprendimiento de objetos de cerámica bautizado Arganat (“Tanagra, por la ciudad griega famosa por sus piezas de cerámica, pero al vesre”, dice porteñamente Ciaglia), que se vendían en locales de la calle Santa Fe. Llegaron a hacer los mosaicos para las mesas del histórico bar Pichín de Barrio Norte, donde paraban. Oriundo de Liniers, hijo de un contador y una ama de casa, Jorge cuenta andanzas en la Pueyrredón y la Cárcova, las que le ha contado mil veces a su hija Verónica, que lo acompaña al frente de la empresa. “El CIDI representó la primera vez que se juntaban productores de diseño. Yo creo que era un título honorífico”, comenta, y recuerda las tres sólidas pirámides de metal con que el CIDI premió productos de la marca Colección. Si bien Susi comenzó como diseñadora y Jorge inició su carrera como artista, ambos son básicamente empresarios que compitieron toda la vida por el mismo sector del mercado. Una competencia leal, que llevan con dignidad, simpatía y una relación amistosa, casi como de equipo del sector. Por ejemplo, durante años se dieron cita en un café de Libertad y Santa Fe para dirimir asuntos del rubro de mobiliario para oficinas, que tiene su enclave cartográfico en la Plaza Libertad, lindera con la calle del mismo nombre, Marcelo T. de Alvear, Paraguay y un borde de la Avenida 9 de Julio. La dimensión regional, y por qué no global, de sus trayectorias tiene que ver con que, desde Buenos Aires y para otros países de Latinoamérica, desde comienzos de los 60 ellos son licenciatarios de las dos grandes escuderías del movimiento moderno, “la Ford y la Chevrolet” del mobiliario del siglo XX: Knoll Internacional y Herman Miller. Fundada en 1938 por Hans y Florence Knoll en la ciudad de Nueva York, Knoll Internacional fue la firma que albergó a varios arquitectos exiliados del nazismo y ya en

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los años 30 comenzó a producir el legado de la Bauhaus y a incorporar a sus diseñadores. Apenas llegados a los Estados Unidos, estos arquitectos bahausianos se posicionaron como referentes académicos o directores de las principales universidades: Walter Gropius al frente de la Escuela de Diseño de Harvard; Mies van der Rohe a cargo del Instituto de Tecnología de Illinois, en Chicago; Josef Albers como director del Black Mountain College de Carolina del Norte y luego de la Universidad de Yale. Miller inició su actividad en 1905, en la entraña geográfica americana, a partir de una carpintería ubicada en Zeeland, estado de Michigan: la Star Furniture Company, fundada por JD Dupree, quien pronto le puso el nombre de su suegro, Herman Miller. Allí también se alistaron emigrados europeos, pero las figuras emblemáticas serían estadounidenses: la pareja de Ray y Charles Eames, y George Nelson, entre otros. En este encuentro en torno al entramado de forma, pensamiento, economía y cultura que es el diseño no vamos a hablar tanto de las empresas y sus productos, sino fundamentalmente de las vivencias de aquella década-despertador que fueron los 60. En sus inicios, Jorge trabajaba con sus amigos Augusto Cuberas (colaborador técnico de Polesello), Miguel Ángel Vidal, Eduardo Mac Entyre, Héctor Buigues y Víctor Magariños. Eso de andar en grupo –dice Jorge– los llevó finalmente a producir objetos con las nuevas formas extranjeras que les llamaban la atención y les gustaban para los hábitats y los locales. Antes de ser Colección, con Ricardo Sansó y W. Seggiaro crearon SC Asociados, una plataforma empresarial desde donde comenzaron a producir diseños europeos como la lámpara española del arquitecto J. A. Coderch, que ganó un Gran Premio Sólido de Plata en el Primer Concurso de Diseño industrial del CIDI, en 1964. En ese catálogo, que diseñó Juan Carlos Distéfano, el prólogo de Tomás Maldonado planteaba: “El diseño industrial jamás se transformará en un sustituto del arte, así como jamás habrá sustitutos para la literatura, la filosofía o la política”, a partir de un texto procedente de la revista Ulm. En el siguiente concurso, el premio a la producción fue para la silla más famosa de Gio Ponti: la Leggera, que se convirtió en ícono de SC Asociados y luego de Colección a partir de publicidades y tarjetas de Miguel Brascó. Jorge Ciaglia: Se nos ocurrió hacer un saludo de fin de año y Miguel Brascó improvisó una pieza utilizando la silla que estábamos haciendo en ese momento, con tal de divulgar buen diseño. Con su típico humor, hizo el chiste provocativo de que el personaje saludara parado desde la silla de Ponti.

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60