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SA: Es importante pensar que estábamos en 1965. Todo el trabajo de Florence Knoll para el diseño era muy adelantado para su época. Es decir, cuando los escritorios se ponían en forma libre, ella empezó a utilizar pequeñas pantallas para dividir los lugares de trabajo. Fue el principio de agrupamiento de escritorios en la oficina. JC: La llegada del Sistema Action Office, otro de los premios que Colección recibió del CIDI, fue una revolución que se mantiene, de algún modo, en la división de los espacios laborales. Recuerdo una publicidad de Caloi, que decía: “¿Estuvo leyendo mi legajo? ¿Cómo supo que yo era colectivero al entrar acá?”. Se hacía humor como reacción a este cambio tan grande que implicaba el sistema de planta libre en las oficinas. CM: Recién en los 90, o después aún, el tipo de mobiliario que vendían Colección e Interieur Forma comenzó a circular de modo más masivo para el imaginario hogareño. ¿Cómo fue divulgarlo tempranamente, por fuera de la comunidad proyectual? SA: Queríamos que el gran público pudiera entender lo que era el nuevo movimiento y pudiera utilizarlo. Fue un trabajo que se hizo acá y en todo el mundo. Por su lado, Knoll París también tenía sus productos en el Louvre. Fue un trabajo conjunto de muchas empresas a nivel mundial para lograr lo que hoy es conocido y habitual: que los productos contemporáneos entren en las casas particulares además de en las oficinas. CM: De todos modos tardó bastante en llegar a los hogares aquí… SA: Empezamos en octubre 1961, con la muestra en el Museo de Arte Moderno de la Avenida Corrientes, en el Teatro General San Martín, donde expusimos los primeros productos que se hicieron en Buenos Aires junto a las esculturas de Harry Bertoia, que trasladamos al país. También ese año realizamos una muestra en el Museo del Arte Decorativo. Felisa Pinto escribió un fantástico artículo para La Opinión, donde destacaba la convivencia de nuestros productos con el entorno clásico del Palacio Errázuriz.

divertida que hicimos con la agencia de publicidad fue la invitación para comer pizza en el local de Florida y Paraguay. Entonces Oski hizo ingeniosamente la “pizza pitagórica” llena de frases ocurrentes. Regalábamos esta pieza-pizza, que se podía armar como una pirámide de papel. Otra salida publicitaria genial fue un hexágono –por la teoría de la planta abierta– con los paneles abisagrados, donde se veía a los personajes trabajando ahí adentro: un gatito corriendo, alguien que espiaba a la empleada de al lado. Fue una campaña absolutamente satisfactoria. Disfrutamos mucho de la publicidad: era nuestra teoría de la creatividad divertida. CM: Alexander Calder trabajó para Herman Miller como parte de una iniciativa que se llamó The end of the plain plane (El fin del avión plano). ¿Podrías contar sobre el impacto local de aquel proyecto? JC: Sí. Miller decidió pintar los aviones de colores y le dio ese trabajo al famoso escultor de móviles Alexander Calder, que lo hizo de la manera menos convencional. También realizó los tapizados de las naves e hizo los muebles de los locales, que no tenían nada que ver con la racionalidad que frecuentaban los productores de Eames. Se hizo específicamente para la Braniff International Airways. Con esa publicidad, la aerolínea instaló un local porteño en la esquina de Avenida Santa Fe y Suipacha, que tenía la atención al público en planta baja y, en el sexto piso, el directorio. Nosotros hicimos el equipamiento del local. Fue muy importante en ese momento: parecían showrooms de diseño. Fue otra de las anécdotas divertidas, que a veces nos permitía la Argentina. Otras veces, como en la ópera, por la economía y la política también llorábamos por el país. CM: Siguiendo con los textiles, los de Knoll de la misma época tenían los característicos colores potentes y serios a la vez, como los de Anni Albers, que representan el legado de Bauhaus. Susi, ¿qué importancia tiene para vos la genealogía de mujeres del Bauhaus?

CM: Respecto de la divulgación, con dos modalidades distintas ambas empresas hacían lo mismo: explotaban ese vínculo con el arte, con el mundo de la plástica, y se divertían con distintos tipos de publicidad. Ambas fueron efectivas, pero marcando la diferencia y a la vez dirigiéndose a un mismo público.

SA: Desde los inicios Knoll se ocupó de producir textiles para oficinas. La producción de telas es un sector especial, que representa prácticamente el veinte por ciento de las ventas. Eran muy importantes las diferentes posibilidades de tapizados que se pueden tomar, inclusive añadiendo cueros. Fue una colección muy completa; nosotros fabricamos en Buenos Aires, al comienzo, varias de esas telas.

JC: Wells realizó una caricatura publicitaria cuando, Ricardo y yo mudamos Sansó-Ciaglia la primera vez a la calle Ecuador: llevábamos sillas, nada más. Otra muy

CM: Este año el sillón y la mesa Platner –diseñados en 1965 por Warren Platner para Knoll– tuvieron una edición gold (de oro) porque cumplen 50 años, al igual que La

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60