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muy comparable con las obras de Norberto Maillart en Suiza. Finalmente, estaba el monumento símbolo de la Feria. Jannello y Grichener querían mostrar cómo había sido la historia de la Argentina.. En aquel momento, redacté un artículo para la revista Nuestra Arquitectura, donde criticaba el resultado pese a la brillante idea de los autores. En realidad, la feria tuvo una historia desastrosa desde el punto de vista burocrático. No se le dieron los fondos suficientes y Jannello renunció; decidió parar las obras y muchas cosas tuvieron que reducirse. Perdió brillantez por culpa del proceso burocrático. Originalmente, este monumento estaba pensado como tres hileras de postes que convergían en el centro. Cada una de estas hileras iba a contener cincuenta postes. Las tres sumaban los 150 años que se estaban festejando. En cada poste, en la base, había una imagen gráfica icónica de algún suceso histórico argentino. El visitante realizaba un recorrido que iba desde 1810 hasta el presente viendo los hechos ocurridos en el país, desde los indios querandíes hasta la Revolución de Mayo, pasando por la guerra de Independencia, hasta llegar al centro. En el centro, el paseante se encontraba con un espejo. El mensaje era clarísimo: “Todo esto que viste sos vos. Esta historia es tu historia”. La idea era brillante, pero, cuando le quitaron los fondos, los cincuenta postes se transformaron en cinco. Entonces, los 150 años de la historia argentina pasaron a representarse en décadas. No se podían poner todas las ilustraciones, y el monumento quedó prácticamente mudo. La idea de los autores había sido reducida a pocos elementos. En aquel momento, señalé: “Los creadores del pabellón estaban, quisieran o no, enraizados en un momento, entre cierta gente, en un país y en un medio pesantes y determinantes. Así, gran parte de los esfuerzos del equipo se gastaron tratando de ordenar o de superar el

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desconcierto imperante entre los organismos oficiales interesados en el problema; desconcierto que terminó en algo muy parecido a la anarquía. Con esta tarea extra sobre los hombros se desarrolló el proceso creador, y aquí entró a jugar la carga de propias experiencias y anhelos, la visión y la interpretación propia del mundo. El grupo arquitectónico luchó contra muchas de estas circunstancias externas e internas y aprovechó las energías de otras muchas”. La idea general, que –considero– coincidía mucho con la manera de pensar de Jannello, era un arte puro, de formas puras, como las de Mies van der Rohe. El objetivo era formar una imagen de la Argentina en el tiempo y en el mundo, imagen que tenía que llegar a las masas. La psicología y la sociología aplicadas a la propaganda ya habían descubierto y promovido el problema que vendría a preocupar a los artistas contemporáneos: la comunicación de masas. La arquitectura siempre había jugado con la comunicación, con el problema del carácter, pero ahora estaba decididamente entregada a ver cómo se podía efectuar una comunicación de masas, cosa que ya había estudiado Renato de Fusco en el libro Arquitectura como mass medium. En un aviso publicitario se leía: “Estamos golpeando en la puerta de la historia con esta feria”. Ese golpeteo para que la puerta de la historia se abriera y nos orientara en un camino nuevo no se cumplió. La historia, en realidad, no llegó a ser comprendida como se pretendía. La Feria no logró abrir las puertas de la historia ni alteró el rumbo de aquel presente. En este sentido, fue un experimento con mucha buena voluntad y muchas buenas ideas, pero fallido. 1. El Sesquicentenario de la Revolución de Mayo. Crisis política e historiografía. Paper presentado en las V Jornadas de Historia Política “Las provincias en perspectiva comparada”, Universidad Nacional de Mar del Plata, octubre, 2010.

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60