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SILVIO PLOTQUIN

cimientos sólidos, proyección audaz: espacios y objetos en el diseño corporativo de olivetti argentina1

Entre las consecuencias de las primeras estrategias del incentivo a la industria moderna –en las ramas de producción de energía, siderurgia pesada y de precisión, propias de las políticas del desarrollismo de la segunda mitad del siglo pasado– se cuenta la consolidación del hábitat completo para el “terciario”, los cuadros administrativos y ejecutivos que pasaron a considerarse también ámbitos de producción. A juzgar por los logrados ejemplos de Ludwig Mies van der Rohe o Gordon Bunshaft, la arquitectura moderna parece no haber fracasado en el intento de alojar a las burocracias privadas. La fabricación de herramientas mecánicas y electromecánicas de escritorio emprendida por Adriano Olivetti hacia fines de la década de 1920 dio lugar a una estandarización de los procedimientos administrativos y gerenciales que fue paralela a la normalización del diseño y el equipamiento de los espacios de oficina donde esos procesos se desarrollaban. El presente acercamiento busca contrastar las demandas específicas que guiaron los diseños de los productos del sello Olivetti con las que luego fueron plasmadas en su arquitectura. La posibilidad de la identidad institucional y formal de un proyecto reconoce la condición efímera de los bienes de consumo que produce, la naturaleza cambiante de los signos y las marcas y, al mismo tiempo, la condición del espacio arquitectónico, dual y fronteriza, entre la permanencia y la adaptación a los cambios que la dinámica del mercado les impone. El paradigma de la Olivetti aporta un caso de interés general para advertir de modo sistémico los agenciamientos, las articulaciones, los actores y las ideas involucradas entre 1950 y 1970. En ese periodo, la firma asumió, con estética y diseño, su destino mundial en el mercado de la industria de precisión y organizó relaciones en red, donde las filiales argentinas participaron

en la composición de la estrategia espacial corporativa. El caso presenta a su vez una oportunidad para entender el estado de las representaciones en Argentina en cuestiones de tecnología y transnacionalidad como resultado de las políticas de radicación de capitales extranjeros, que ya reconoce un antecedente en la participación de empresas contratistas, precisamente de origen italiano, en el ámbito de la obra pública, durante la segunda presidencia de Juan Perón (1952-1955). En el contexto del caos de la posguerra, en pleno Risorgimento italiano, Adriano Olivetti reunió a arquitectos y diseñadores de larga experiencia modernista en Italia en la construcción del hábitat material, doméstico y laboral de sus ciudadanos, aquellos héroes civiles que habían determinado la derrota del fascismo y habían sido parte del triunfo Aliado en Europa. Para las obras de reconstrucción y modernización de la vieja sede familiar de Ivrea, en el Piamonte, entre Turín y Biella –los polos industriales que potenciaron el surgimiento italiano después de la Segunda Guerra Mundial–, se convocó a expertos diseñadores como Luigi Figini y Gino Pollini, pero también a Ignazio Gardella, Ludovico Quaroni y Mario Ridolfi, renombrados profesores y formadores universitarios entre cuyos discípulos puede citarse a Manfredo Tafuri, el crítico e historiador de mayor impacto en el ámbito de la cultura arquitectónica y urbana del siglo XX. Las ideas urbanísticas y organizacionales de la renovada planta de Ivrea provendrían de una matriz sensible a los alcances del fordismo y al naturalismo orgánico de Lewis Mumford, que Adriano Olivetti había conocido en los Estados Unidos antes de la guerra. Los ideales del arquitecto de Chicago, Frank Lloyd Wright –sobre todo la planificación urbana en 1930 y 1940–, y los proyectos humanistas-naturalistas de Richard Neutra

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60