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FANNY FINGERMANN

fototrama, sistema de construcción de imágenes públicas

En el diseño industrial argentino hay pocos casos que hayan trascendido al mundo; Fototrama es uno de ellos. Se trata de un mosaico luminoso que puede reproducir imágenes a escala urbana. Son módulos plásticos colocados sobre una retícula metálica que reproducen una imagen que, al estar cerca parece absolutamente abstracta y, al alejarse, puede ser reconocida gestálticamente por su espectador. La historia comienza en el año 1959. Yo tenía entonces una formación en artes visuales de más de una década. Desde los siete hasta los diecisiete años asistí al taller de Guillermo Thiemer y Annie Warnes, donde aprendí dibujo, pintura, escultura y grabado. Luego, como estudiante en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, me inscribí en el taller de César Jannello. Allí conocí a Eduardo Joselevich, quien era jefe de trabajos prácticos. El inicio de nuestra relación no fue muy buena por culpa de una pequeña discusión (yo había llegado diez minutos tarde y él me dijo que me pondría media falta; le dije: “entonces me voy al cine Lorraine a ver la película de Bergman”), pero más adelante todo tuvo un giro inesperado: nos casamos, tuvimos hijos y produjimos Fototrama. Me inscribí en el taller de Jannello porque me fascinaban los temas que se trataban, él traía siempre temas muy novedosos. Trabajaban con cubrimiento del espacio y tramas planas, la simetría de rotación, todo tipo de trabajos vinculados con la percepción visual. En la cátedra inclusive había un semiólogo, Oscar Masotta, y un filósofo, Rubén Masera. Esto nos da una idea de cuán amplios eran su pensamiento y su enseñanza. En esta época estaban en auge los temas relacionados con la prefabricación, que me interesaban mucho. Explorábamos el principio que rige los sistemas y cómo

poder dar solución, con un mínimo de elementos, a una gran cantidad de necesidades. En esos tres años en que hicimos los estudios teóricos, el trabajo no abundaba, así que comenzamos haciendo trabajos freelance para estudios de arquitectura. Los llamábamos en broma “Proyecto y Dirección de Sobras”. No eran sobras, en realidad, sino proyectos bastante interesantes. Teníamos que resolver cuestiones de diseño industrial, aunque entonces no las llamábamos así. Un caso significativo fue el que desarrollamos para MAP (Muebles Armables Prácticos). El conjunto de diseño de muebles constaba de cuatro sillas, una mesa, dos sillones, dos banquetas –con sus respectivos almohadones– y una mesa ratona. Estaba pensado para poder ser transportado en el baúl de un auto. La revista Claudia, de Editorial Abril, comercializó el sistema que habíamos diseñado mediante la venta por correo y tuvo mucho éxito. Más adelante, la misma publicación comercializó un kit en una caja rígida de cartón, dirigido al usuario final, que contenía todos los planos de obra de una casa. Se la denominó Casa Paquete, haciendo alusión a la propuesta. Años más tarde, la silla del sistema MAP fue invitada a incorporarse a la colección estable de diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York, por el curador Emilio Ambasz. No la enviamos por el alto costo del traslado. Por otra parte, seguíamos explorando la construcción de imágenes. Nos encargaron un mural que todavía existe en una galería de San Juan y Boedo. Allí había un friso sobre el cual se nos ocurrió aplicar el principio que estábamos estudiando. La metodología era colocar sobre una imagen un calco cuadriculado y redibujar la misma con cuadrados de pequeño tamaño en cuatro tonos: blanco, negro y dos grises intermedios. Construimos así el primer mural en venecitas con un número

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60