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9 Construcción de la Ciudad Universitaria. Buenos Aires, 1968. El conjunto edilicio, integrado por pabellones de grandes volúmenes, alberga parte de las facultades de la Universidad de Buenos Aires. Su creación consolida un importante polo educativo y de transformación social en el norte de la ciudad.

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Se podría decir que al otro lado de la Avenida Del Libertador, donde la ciudad se moderniza, no hay forma de solidaridad, de convivencia, ni de armonía posibles. No solo por una cierta falla de orden moral en sus habitantes, sino porque, además, la arquitectura y el diseño urbano impiden, entorpecen eso que en la villa se da espontáneamente. De ahí que solo esa otra ciudad que es la villa –el cuento lo registra y nosotros medio siglo después lo seguimos escuchando­– es un lugar del cual los sujetos no quieren irse. Los vecinos de la villa creen que es el mejor lugar posible para vivir, muchas veces por comparación con el modo de vida en la otra ciudad. Por ejemplo, para dar cuenta de quienes viven en la otra ciudad, el narrador dice: “Los que merecen toda la lástima del mundo son ellos y no creo que les alcance. No les envidio nada. Mal o bien nosotros estamos vivos. Eso es algo que ellos no saben. Mejor así porque si no se nos echarían encima.” Es una manera de entender cómo se vive en la otra ciudad y también una valoración social y moral del espacio de la villa –“No sé cuánto duraré aquí pero de quedarme quieto no cambiaría esto por nada del mundo”–, lo que supone un antagonismo que no puede resolverse porque, desde el otro lado de la avenida, se ve a la villa como un espacio hostil que debería ser corregido, aproximado al ideal de quienes viven más allá de la Avenida del Libertador. Aquellos que viven en la villa creen que la verdadera forma de vida radica en ese diseño urbano caótico, regido por necesidades prácticas, elementales, donde el desecho, el descarte son la alternativa para una arquitectura urgente, una arquitectura sin arquitecto. La villa del relato de Conti es una composición urbana

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que prescinde de urbanistas y una arquitectura que prescinde de arquitectos. Naturalmente el relato de Conti evoca en los lectores la obra de Berni y en particular la serie dedicada a Juanito Laguna, ya que son exactamente contemporáneos. Uno y otro proponen una representación del espacio de la villa, pero en la obra de Berni no aparece ese horizonte de “gallineros”, sino que se compone un cierto espacio autónomo, donde el horizonte, en todo caso, refiere al espacio fabril. Son dos tipos de contigüidades diferentes. Si la literatura de la década de 1960 no mostró muchos casos significativos respecto de lecturas sobre las modificaciones que se producían en la ciudad, sí hay hallazgos interesantes en otros textos parcialmente literarios como lo son las letras de canciones. Durante ese período se percibe un fenómeno de renovación de la canción, que podemos registrar en lo que se llamaba rock nacional o música progresiva, en el tango, las canciones melódicas e incluso las canciones con tradición folklórica. Tomemos por ejemplo dos canciones donde la relación entre el sujeto y la ciudad se representa de un modo conciliatorio. Tienen letras de Horacio Ferrer, música de Astor Piazzolla, y las recupero porque son estrictamente contiguas a la producción de la serie de Juanito Laguna y al cuento de Conti. En 1969 se editó un disco simple que tuvo un éxito de ventas inmediato y extraordinario con las canciones “Balada para un loco” y “Chiquilín de Bachín”, seguramente consagradas por el público porque sintonizaron con un clima de época, un tipo de expectativa, de necesidad de renovación.

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Ideas materiales: arte y diseño argentino en la década del 60